IX JORNADAS REGIONALES DE INVESTIGACIÓN EN HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES – Jujuy – 14 al 16 de mayo de 2008

 

 

CHINO-COREANOS EN ARGENTINA: UNA CONSTRUCCIÓN DE IDENTIDAD

                                                                    Mirta Bialogorski

 

 

Para reflexionar acerca de la Universidad de la Calle, me voy a referir a los avances de una investigación que se relaciona con un ámbito al cual me dedico desde hace mucho tiempo, que es  el estudio de la inmigración coreana en la Argentina. En este momento, mi interés se centra en un grupo de inmigrantes que comenzaron a llegar a nuestro país hacia 1992 y lo siguen haciendo en la actualidad. Se trata de ciudadanos chinos que, como descendientes de coreanos (en segunda y tercera generación) conforman una de las 56 minorías étnicas de China. En ese sentido y de acuerdo con la política de las autonomías regionales étnicas de ese país, han sido criados y educados en la cultura y tradiciones coreanas (1).

Según datos de la Embajada China y de la Asociación representativa del grupo, se estima que hay cerca de 2000 personas, instalada particularmente, en Buenos Aires. La mayoría ingresó a la Argentina  desde su país de origen; otros lo han hecho desde Brasil o Uruguay, tanto de manera legal como ilegal.

Los primeros inmigrantes llegaron a través del contacto y la gestión de miembros de la colectividad coreana establecida aquí desde hace más de cuarenta años, con contratos de trabajo relacionados sobre todo, al rubro textil. Según testimonios recogidos, en un momento fueron traídas cerca de 400 personas con promesas de empleo, muchas de las cuales no se concretaron.

En un principio, gran parte de los recién llegados, que no contaba con recursos económicos, trabajaron como empleados o encargados en las fábricas y talleres de confección y en los restaurantes étnicos (como mozo/as o cocinero/as) pertenecientes a  miembros de la colectividad coreana.

Su lugar de residencia es el identificado como “Barrio Coreano” (Flores sur, Floresta) donde se encuentran en mayor número. En estos quince años de permanencia en la Argentina, algunos fueron logrando cierta autonomía y progreso económico abriendo sus propios negocios (talleres de ropa, restaurantes, otros)

Hoy día conforman una comunidad separada de la coreana que cuenta con sus propias asociaciones e instituciones sociales como la Asociación de Coreanos en China de Argentina que los representa, la Asociación de Fútbol (en la región de la cual provienen es muy popular el fútbol), la Asociación de Mujeres, la Asociación de Ancianos, y asociaciones por actividad (talleristas, comerciantes, entre otras).

Nos hallamos pues, frente a un grupo particular que llega a este contexto con una doble impronta cultural e identitaria que, a su vez, se encuentra con dos colectividades –la coreana y la china- cada una con su estructura, y con escasos vínculos entre sí y con las cuales, por lo que empezamos a ver,  no hay identidad total.

Esta investigación comenzó en el mes de febrero (2), es decir que estoy en una primera etapa de aproximación al conocimiento del grupo, pero cuento ya  con una serie de  entrevistas realizadas tanto a inmigrantes chino-coreanos, como a integrantes de la colectividad coreana, china y a representantes de instituciones argentinas. Uno de los objetivos es ir viendo cómo se construye este fenómeno de encuentro intercultural y de reconfiguraciones identitarias en el marco de los movimientos migratorios transnacionales.

A partir de los testimonios relevados, se puede observar que empiezan a perfilarse las situaciones de comunicación con el entorno y de construcción identitaria  como un aspecto complejo y conflictivo de la interrelación.

Pensemos que este nuevo inmigrante chino-coreano debe aprender a manejarse no sólo frente al argentino y a la colectividad coreana dentro de la cual, como decíamos, se inserta en una primera etapa. También debe hacerlo frente a la comunidad china de Buenos Aires a la que se aproxima y con quien, sobre todo los más jóvenes, pueden establecer ciertos vínculos sociales. Y aún, frente a la Embajada China a la que acuden, sobre todo, en casos de conflicto.

Este inmigrante como todo inmigrante en su nuevo hábitat, tiene que aprender a reconocer sus necesidades, los peligros que lo debilitan, las circunstancias que lo pueden favorecer. Cuando llegan a este contexto, nadie les enseña qué tienen que hacer, cómo tienen que conducirse, comportarse.

Los conocimientos culturales a través de los cuales se movían cómodamente en su lugar de origen no tienen ya la misma eficacia. El estilo de las relaciones personales, las modalidades de trabajo, los hábitos cotidianos cambian.

Ni hablar cuando está de por medio el tema de la lengua, que cuando es totalmente diferente, agudiza aún más estas circunstancias. En este grupo esto hay que verlo no sólo en el vínculo con el contexto argentino sino también, con los residentes coreanos y chinos, sus referentes más inmediatos, teniendo en cuenta que es un factor importante tanto de comunicación como de construcción de la identidad del grupo.

Con respecto al castellano, únicamente  los más jóvenes lo hablan con creciente fluidez. Los mayores, lo hacen de manera muy rudimentaria. De hecho, para entrevistar a los inmigrantes contamos con una intérprete coreana. Sin embargo,  también sucedió de encontrarnos con un inmigrante que frente a un cuestionario traducido al coreano, tuvo dificultades en responder las preguntas si bien hablaba este idioma, no lo leía ni escribí ya que había concurrido a una escuela china.

Con los coreanos se comunican claro está, en coreano. Con los chinos, cuando frecuentan el “Barrio Chino” de la ciudad de Buenos Aires (van por ejemplo, a los restaurantes, los supermercados, etc.) se comunican en chino sólo si se encuentran con quienes hablen  el mandarín (el idioma oficial) ya que si se trata de regionalismos o dialectos no se entienden. Tengamos en cuenta que la comunidad china de Argentina está compuesta por inmigrantes taiwaneses y continentales pero que provienen  de regiones diferentes a la de los chino-coreanos (3)

Según los chinos consultados, los chino-coreanos son, en verdad,  “chinos que hablan coreano”. Según los coreanos, en cambio, este grupo prefiere comunicarse en chino, idioma que, según dicen, utilizan a nivel intragrupal,  haciendo del idioma coreano sólo un uso estratégico dada su proximidad a la colectividad.

Según los propios chino-coreanos, su lengua materna es el coreano (lo hablan en sus casas, con sus familiares y amigos) aunque reconocen también, que utilizan el chino y que se da el caso de adultos jóvenes que, como el ejemplo que les di antes, por haber residido lejos de los núcleos coreanos en China,  han recibido educación formal en esa lengua y  el coreano lo utilizan  parcialmente.

 

Ahora bien, ¿cómo se auto identifican los  chino-coreanos en la Argentina? Aquí es interesante ver las alusiones al contexto.

Según nuestros entrevistados,  como los argentinos, en principio, no entienden cuando ellos dicen que son “coreanos que vienen de China”, eligen una de las dos improntas.

Cuando se asumen como coreanos nos dicen, es  porque lo sienten de esa manera o bien porque perciben que en esta sociedad, el inmigrante de origen chino está más desvalorizado y es más discriminado. Por la misma razón, explican, en el ámbito de los talleres textiles (en los que trabajan como empleados o dueños) se identifican (ante argentinos y bolivianos)  como coreanos.

Se alude así, a una estrategia de identificación en función de la construcción  que ellos mismos realizan de un prejuicio social vigente. Para un residente chino, ocurre exactamente lo contrario. Según un testimonio, la comunidad hoy día se siente totalmente aceptada por los argentinos y menos discriminada que en  años anteriores:

En otras situaciones de la vida cotidiana, los chino-coreanos, se asumen  en cambio, como ciudadanos chinos, fundándose en la ciudadanía que detentan.

 

Veamos ahora cómo son percibidos, recibidos y tratados los chino-coreanos por los otros actores con los cuales  interactúan: coreanos,  chinos y  argentinos

Entre los coreanos de Argentina hay quienes los consideran sin dudar, chinos por el lugar de nacimiento, por el sentimiento patriótico que les adjudican hacia China (y no hacia Corea, su patria étnica); por suponer que ha habido una mezcla de sangre a lo largo de las generaciones, y por no manejar el idioma coreano en todas sus expresiones. Consideran que se identifican más con el barrio coreano de China en el que se criaron que con Corea, en tanto  patria étnica:”Si juegan Corea y China, ellos hinchan por China, ¡sí señor!”, enfatiza un entrevistado. De sus comidas, dicen, han hecho una fusión y las nombran  como chinas coreanizadas. A la celebración de las fiestas tradicionales les atribuyen un “estilo chino”.

Por el contrario, están quienes dentro de la colectividad coreana, los identifican como coreanos por tener ancestros comunes,  conservar la lengua y las tradiciones. Esta posición suele darse más frecuentemente entre los religiosos.

Con respecto al vínculo entre unos y otros, un entrevistado coreano lo grafica de la siguiente manera, “son como el agua en el aceite”, convivimos pero no nos integramos”.

En dicha colectividad, registramos justamente, posiciones diversas y contradictorias tanto de aceptación como de rechazo hacia este grupo inmigrante. Muchos reconocen que no son acogidos cálidamente por la comunidad aquí asentada a la luz de que no los consideran coreanos y los tienen mal vistos “por su condición de poco pudientes".

El rechazo se da también por motivos tales como el estatus del país de origen (aunque ahora, afirman, está cambiando la imagen de China) y por la ideología (“se criaron en el socialismo”; “son más liberales”, “tienen mayor libertad sexual” son algunas de las expresiones que recogimos)

Justamente, un aspecto importante en la relación entre los chino-coreanos y los coreanos de Argentina son las distancias o proximidades culturales que hemos comenzado a registrar.

Ambos han hecho referencia al menos para las etapas iniciales del contacto, de una predisposición para el  trabajo diferente. Para los coreanos, los chino-coreanos   eran “poco diligentes, poco trabajadores e ineficientes” asociando estos rasgos a la cultura del trabajo propia del régimen político del cual provienen. Pero también se los ha tildado de “muy conflictivos” y con un  fuerte deseo hacia la independencia económica.

Esta situación  ha traído no pocos inconvenientes entre empleadores y empleados, constituyendo un ejemplo concreto de fricción en el casi único ámbito compartido. Para el coreano sin embargo, el comportamiento del trabajador chino-coreano se ha ido transformando y adaptando a su ritmo y modalidad (“Ahora trabajan más que nosotros”).

Los testimonios aluden además, al choque contra ciertos principios de la cultura coreana, como el que provocó por ejemplo, el hecho de que hubiesen inmigrado mujeres solas. Se les adjudicaron actitudes liberales propias de la sociedad china pero no de la coreana, y fueron fuertemente criticadas. En particular porque al compartir el mismo ámbito de trabajo, esto dio lugar a relaciones sentimentales (y extramatrimoniales) que involucraban a hombres de la colectividad coreana.

Una crítica similar recibió el comportamiento de hombres solos que formaron nuevas parejas en este país, tuvieron hijos (teniendo muchas veces, sus familias en China), situación que trataban de ocultar sistemáticamente aún en el seno de la iglesia a la que asistían en forma regular.

Así, el grupo ha sido catalogado negativamente por la colectividad coreana y se abogaba por mantener la distancia. En este sentido, la amistad entre jóvenes coreanos y chino-coreanos era explícitamente rechazada por los padres coreanos. Muchos de estos atributos negativos son esgrimidos en el momento actual.

Un rasgo con el que caracterizaron el modo de actuar de estos nuevos inmigrantes sobre todo, al principio, fue su acercamiento a las iglesias coreanas no por convicción religiosa (“la mayoría son ateos”) sino para obtener ciertos beneficios (trabajo, comida y vivienda) y dejar de asistir cuando su situación había mejorado.

Más que como estrategia de supervivencia, esto fue interpretado como una actitud egoísta e interesada del grupo. “En esta iglesia, nos dice un pastor, de 120 personas (chino-coreanas), 117 se fueron. Estuvieron mientras se les daba comida, trabajo y cuando se terminó toda esa  historia, desaparecieron. Cuando ellos no sentían necesidad, no venían”.

            Demás está decir que son las distintas iglesias coreanas las que dieron apoyo a muchos de los inmigrantes chino-coreanos que habían sido defraudados en cuanto a sus posibilidades de inserción laboral en Argentina.

A su vez, ellos advirtieron que había que acercarse a las iglesias más importantes de la colectividad coreana a las asistían las personas de mayor poder adquisitivo que podrían contratarlos para diversas tareas, lo que efectivamente ocurrió.

Pero también aprendieron que para no ser discriminados era preferible aproximarse a las iglesias más pequeñas (lo que también sucedió ya que hubo un abandono de las principales instituciones religiosas). Con el correr del tiempo, se dieron cuenta de que debían organizarse como comunidad independiente.

 

Por su parte, los inmigrantes chino-coreanos son,  para la colectividad china, fundamentalmente chinos aunque hablen coreano o tengan tradiciones y cultura coreanas. Sin embargo, aunque son aceptados, reconocen que la interrelación no es fluida dado que es difícil la comunicación por la distinta procedencia, y porque laboral y socialmente los ven más volcados a la colectividad coreana o a la suya propia. No obstante, se ha hecho alusión a vínculos de amistad entre los jóvenes.

Cuando van al Barrio Chino, los chinos los distinguen  porque prefieren hablar coreano, se visten de otra manera y hasta  físicamente –dicen-  tienen rasgos diferentes.

Por su parte, los argentinos directamente desconocen esta diferencia, tanto la gente común como ciertas instituciones (Dirección General de Inmigraciones, el INDEC) o los medios de comunicación, los ven indistintamente (o según las circunstancias) como coreanos o chinos (“por el pasaporte”). Esto lo hemos comprobado cuando están involucrados en algún delito vinculado a los talleres ilegales.

 

Advertimos pues, que nos encontramos frente a inmigrantes con una especie de personalidad compartida en el sentido de que son coreanos pero no dejan de ser chinos. Son dos improntas competitivas que tienen que manejar y resolver frente a las dos respectivas comunidades y frente a un tercero, el argentino, en un escenario en el que deben aprender a vivir, trabajar, educarse, etc.

En base a mi experiencia anterior y desde la perspectiva de la producción de conocimiento en la Universidad de la Calle, me planteo como parte de mi investigación lo siguiente, ¿Qué necesitan saber concretamente los inmigrantes chino-coreanos para insertarse e interactuar con los argentinos, con los coreanos de  la colectividad, eventualmente con la comunidad china e inclusive en su propia colectividad (pienso en los inmigrantes que van llegando y se insertan al núcleo ya establecido) ¿qué implicará asumirse en este contexto como chino , como coreano o como otra categoría diferenciada? (por lo pronto ya aparecía el tema de la discriminación)

Demás está aclarar que no hablo de identidades esenciales sino de una identidad relacional y diferencial que se configura de manera múltiple y contradictoria a través de los discursos como prácticas sociales y de las posiciones de los sujetos moviéndose en un universo de planos todos ellos interpretados y combinando diversos elementos (Bialogorski, 2002)

            Por otra parte, un aspecto interesante a  investigar sería identificar efectivamente qué implica comportarse como chino coreano, coreano, chino o como argentino llegado el caso. ¿Supone desarrollar ciertas conductas? ¿imitar otras? Si es así, ¿cuáles, por qué esas y con qué finalidad? Hablamos de imitación en cuanto forma de aprendizaje social inteligente  (Conte y Paolucci, 2001), es decir, como  un complejo conjunto de representaciones y procesos cognitivos que permite a los individuos adquirir información del entorno y aprender a dar nuevo significado (o nuevo contexto)  a una conducta dada. 

            Cada escenario les impondrá no sólo pautas y normas que son explícitas, sino también modos diversos de hacer, de comportarse, de valorar que operan como códigos implícitos, y que el inmigrante deberá identificar para lograr adecuación y eficiencia en cada uno de ellos.

 

 

Notas

 

 

(1) Los chino- coreanos  son una de las 56 etnias  reconocidas por el Gobierno Chino (la Han es la más numerosa, 91% de la población) Se estima que está conformada por 1.923.800 personas distribuidas en  la zona del nororiental de China, en Mongolia interior y en algunas grandes ciudades.  La gran mayoría utiliza la lengua coreana, oral y escrita, y los niños y jóvenes asisten a colegios coreanos, en los que se imparte también el idioma chino mandarín. Cuentan con una  universidad en la región de Yanbian,  área de mayor concentración del grupo.

 

2) Esta investigación se encuadra en el proyecto: “Korean Routes of Migration in Latin America”, dirigido por la Prof. Kyeyoung Park, del Departamento de Antropología de la Universidad de California, Los Angeles (UCLA)

 

3) Los chinos continentales que llegan a la Argentina proceden en particular de la provincia de Fujian, región diferente a la de procedencia del grupo étnico coreano que lo hace desde la provincia de Jilin (región de Yanbian).

 

 

Bibliografía

 

Bialogorski, Mirta (2004) “La presencia coreana en la Argentina. Construcción de una experiencia migratoria”. Tesis de Doctorado de la Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. http://www.centro-de-semiotica.com.ar/indice.htm#BIBLIOTECA

 

Changzoo Song (2005)Brothers in name only: the Alienation and Loss of Homeland

Among Chinese Korean return migrants in South Korea. Conference on Diasporic homecomings: Ethnic return migrants in comparative perspective.

Center for Comparative Immigration Studies at the University of California, San Diego.)

 

Conte, Rosaria y Mario Paolucci (2001) Aprendizaje social inteligente. Journal of Artificial Societies and Social Simulation vol. 4, no. 1, Traducción de Giovanna Winchkler